¿POR QUÉ SER PERITO EN EL SIGLO XXI?
- 21 ago
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Dra. Carmen Cerda Aguilar.
Especialista en Medicina Legal
Anatomopatólogo
Vicepresidenta del Colegio de Peritos Profesionales de Chile A. G.
Secretaria de la Federación Latinoamericana de Medicina Legal y Ciencias Forenses

En el Derecho Romano, ya se consideraba que los jueces consultaran a expertos para dirimir ciertos asuntos. No obstante, no fue sino hasta muchos siglos después, que el rol de los peritos adquirió su perfil actual: principios y leyes, ética pericial, publicaciones en revistas de alto impacto, sociedades científicas, asociaciones supranacionales, congresos y cursos de perfeccionamiento frecuentes, entre otras características.
Las principales cualidades del perito son la independencia y la objetividad. Las respuestas periciales a los problemas más complejos se reducen a tres posibilidades: es compatible, no es compatible, o no se puede determinar, o al menos, no con la información disponible.
Actualmente, se acepta que, todo fallo debe fundarse en comprobaciones: videos, audios, fotografías de cámaras de vigilancia, entre otros. Existe una notable diferencia entre las denominadas “pruebas circunstanciales” (estuvo allí) y “pruebas directas” (cometió el delito). Por tanto, el peritaje científico debe apoyar eficientemente a quienes administran justicia, a través de metodologías cada vez más exactas y reproducibles, de ahí su clasificación como “Ciencias Forenses”.
Cada vez más, el proceso pericial científico, se ha ido enriqueciendo en definiciones, un léxico compartido y protocolos que permiten que un procedimiento se realice de la misma forma, ya sea en una ciudad capital o en una remota región. Como ha ocurrido en una gran diversidad de producción de bienes y servicios, también en el ámbito de los servicios periciales, se ha ido imponiendo el concepto de “calidad”, que implica la certificación de prestadores y la acreditación de laboratorios forenses. Lo anterior, requiere de un ras mínimo de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes que sean exigibles a los peritos, y de una cierta cantidad y calidad de infraestructura y equipamiento con que deben contar los laboratorios forenses, dependiendo de su especialidad.
Los peritos, para llegar a ser los expertos que requieren los tribunales, son personas que se han desarrollado en un oficio o profesión determinados, y, por lo tanto, su actividad no se reduce solamente a prestar ayuda a la justicia. Aunque puede haber personas que crean que la motivación para ser peritos es sólo económica, existe una, mucho más profunda, que es contribuir a que se haga justicia y para los más exigentes, ello constituye su realización, el alimento del alma.
Muchos peritos han enriquecido su acervo cultural con conocimientos legales, perfeccionamiento en sus propias disciplinas, integración con otros peritos individuales o agrupaciones de peritos. No obstante, ello no contribuirá a un mejor aporte hacia los administradores de justicia, si con ellos no existe, a su vez, un lenguaje compartido, criterios de valoración comunes y conocimientos equivalentes – al menos básicos- a todo lo que la “sociedad de la información “permite acceder hoy en día.
El perito del Siglo XXI, puede hacer su mejor esfuerzo por ofrecer la última tecnología en un peritaje, pero ello no significará beneficio alguno para los intervinientes en un juicio ni para la comunidad, si los usuarios -léase, los administradores de justicia-, desconocen sus bases, su significado ni cómo aplicarlo para resolver una situación determinada. Después de 20 años de reforma procesal penal, no es posible seguir justificando su desconocimiento sobre nuevos análisis y tecnologías, argumentando que “siempre lo hemos hecho así”.
La persistencia de esta situación de divergencia cultural inevitablemente llevará a muchos profesionales valiosos, a desinteresarse por ser peritos, al percibir que todos sus aportes no son valorados en los juicios, ni tomados en consideración en los fallos.
Superar esta situación, requiere de un acercamiento urgente entre peritos y abogados, y un diálogo permanente, que sin duda enriquecerá a ambos grupos, mejorará la comunicación y, en definitiva, permitirá actualizar criterios de validez y confiabilidad en los aportes de la labor pericial a la administración de justicia. Por otra parte, cualquier análisis retrospectivo de los fallos, permitirá justificar si se utilizó la mejor evidencia disponible en la época del juicio.
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